Reproduzco un artículo de divulgación cuyo autor es el doctor Elías Norberto Abdala, para la revista Viva:
Actualmente muchas personas viven tiempos difíciles, ya sea por una
situación familiar, laboral o económica que no les resulta favorable ni
tranquilizadora. Es común, además, escuchar, ver o conocer noticias, que
generan temor, preocupación o desánimo.
Desde la psiconeuroendocrinología, se afirma que todo estado emocional influye sobre el organismo (ya sea para bien o para mal, según de qué emociones se traten) o, a la inversa, toda alteración corporal determina o modifica el estado emocional de un individuo (mens sana in corpore sano). Por ejemplo, el aislamiento afectivo es un factor de riesgo cardiovascular tanto o más importante que el tabaquismo, la hipertensión arterial o la obesidad. O, por el contrario, algunos cambios hormonales (como el hipotiroidismo, el período premenstrual o la menopausia) pueden alterar el estado psico-emocional de una persona.
Cada pensamiento genera una emoción y, viceversa, toda emoción genera
pensamientos. En ambos casos se movilizan hormonas y sustancias químicas de nuestro
cerebro, que tendrán una marcada influencia sobre todo el organismo.
Aquellas personas que se hacen “mala sangre” viven mal y menos tiempo que
quienes se sienten a gusto o piensan de manera satisfactoria.
Pero ¿qué es hacerse mala sangre? En nuestro medio significa hacerse
problema por algo que no lo amerita, molestarse, enfadarse, irritarse por las
acciones de alguien o vivir atormentado por algo.
Cuando ocurre, en el organismo se produce la siguiente combinación: sube el
nivel de cortisol y disminuye el de la serotonina.
El cortisol es una hormona muy importante que fabrica la glándula suprarrenal
y que ante situaciones de estrés o de emergencias, aumenta transitoriamente su
producción para que el organismo produzca mayor energía a fin de enfrentar ese
determinado problema o peligro inmediato. Sin embargo, si la situación se
prolonga, daña y mucho, tanto al cuerpo como al mundo emocional. Si permanece
elevado, a nivel físico aparece un cansancio inexplicable, dolores de cabeza,
palpitaciones, hipertensión, trastornos digestivos, dolores, calambres
musculares, falta de fertilidad, alteraciones menstruales, fallas de memoria o
disminución de las defensas. Por otro lado, a nivel emocional se traduce en mal
humor, irritabilidad constante, falta de deseos, visión negativa de las cosas,
sentimientos de rabia, preocupaciones constantes y, a veces, ganas de llorar.
Por su parte, los niveles bajos de serotonina cerebral producen depresión,
angustia y ansiedad, miedos, ataques de pánico, mal dormir, trastornos alimentarios
y sexuales, enojos, obsesiones y fácil tendencia a la impulsividad de todo
tipo. Suelen, a su vez estar asociados o generar dificultades en los vínculos
familiares o sociales, lo cual empeora la situación psicológica y biológica del
individuo.
Por lo tanto, ante la presencia de cualquiera de las manifestaciones aquí
señaladas y en quienes “se hacen mala sangre” con facilidad, todo individuo debería
consultar con su médico sobre la conveniencia de medir sus niveles de cortisol
y de serotonina, que en la actualidad se hace con un sencillo análisis de
sangre.
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E. Norberto Abdala, para Viva, del 19-6-11.
E. Norberto Abdala, para Viva, del 19-6-11.
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Las preguntas son: ¿Es casual que desde muy antiguo se hable de "estar de mal humor" o "hacerse mala sangre"? Ahora sabemos que al estar enfadado o irritado se vuelcan en la sangre sustancias perniciosas para la salud. La sangre es un humor. ¿Cómo sabían esto hace mucho tiempo?
Proverbios 14:30 dice: "Un corazón calmado es la vida del organismo de carne , pero los celos son podredumbre a los huesos". Este texto tiene más de dos mil años. ¿Cómo lo sabían?
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