La ciencia no es una vaca sagrada.

La ciencia no es una vaca sagrada.

"Cuando un científico de bata blanca [...] se pronuncia de cara al público, puede que no le entiendan, pero, eso sí, le creerán. [...] Se cuestionará y criticará al estadista, al industrial, al ministro religioso, al líder cívico y al filósofo, pero nunca al científico. Son seres exaltados al pináculo más alto del prestigio popular, porque tienen el monopolio de una fórmula -‘se ha demostrado científicamente...’- que, una vez expresada, excluye por completo toda posibilidad de desacuerdo".

Anthony Standen (Science Is a Sacred Cow)

Este blog tiene por objeto quitar el carácter sagrado que muchos quieren imponerle a la ciencia.

No se trata de no darle valor, sino de ubicarla en el lugar que le corresponde, ni más ni menos. Hasta donde me sea posible señalaré sus vicios ocultos, lo que hay debajo del maquillaje, sus debilidades, pero también sus aciertos y virtudes.

Como decía el Principito: "es un poco vanidosa, pero es mi rosa".

martes, 11 de octubre de 2016

¿Cómo lo sabían? 1 - Los satélites de Marte


“Swift, en el Viaje a Laputa, da las distancias y los períodos de rotación de los dos satélites de Marte, desconocidos en su época. Cuando el astrónomo americano Asaph Hall los descubre, en 1877, y advierte que sus mediciones concuerdan con las indicaciones de Swift, presa de una especie de pánico, los denomina Phobos y Deimos: Miedo y Terror.”

“Le aterroriza también el hecho de que estos satélites aparezcan bruscamente. Otros telescopios más poderosos que el suyo no los habían revelado en la víspera. Parece, simplemente, que él fue el primero en examinar Marte aquella noche.”

“Después del lanzamiento del Sputnik, los astrónomos contemporáneos han empezado a escribir que tal vez se trataba de satélites artificiales lanzados el día de la observación de Hall.”

                                                           Robert S. Richardson
                                                           Observatorio de Monte Palomar, E.U.A.

No estoy seguro de que Asaph Hall pusiera los nombres a los satélites presa de una especie de pánico. En la mitología greco-latina Phobos y Deimos eran acompañantes del dios de las guerras.

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“Mientras que un detalle de la superficie de Marte tendría que ser de 150 kilómetros de ancho para ser visto, un objeto luminoso, si es suficientemente brillante, podrá verse aunque sea de menor tamaño. Sabemos que los satélites de Marte, Fobos y Deimos, tienen unos pocos kilómetros de diámetro por la cantidad de luz que reflejan. Fobos, el menos alejado de Marte, está tan cerca de la superficie del planeta que gira alrededor de él en un período más corto que el de rotación de Marte. Desde el planeta se lo vería levantarse en el Oeste y ponerse en el Este, como a algunos de nuestros satélites artificiales. Seriamente se ha sugerido que Fobos es un satélite artificial de Marte. Una larga serie de observaciones demostró que la velocidad de Fobos, comparada con la que correspondería a la hipótesis de que se mueve bajo la atracción de Marte, está aumentando gradualmente. Los satélites artificiales terrestres se aceleran de la misma manera, debido al efecto de la atmósfera de la Tierra que hace que el satélite caiga en espiral a la misma. Pero si Fobos fuera de material rocoso, como un satélite natural, la densidad de la atmósfera marciana a unos pocos miles de kilómetros de la superficie del planeta tendría que ser mucho mayor que la real. Para que la atmósfera real produjera la aceleración observada, la densidad media de Fobos debería ser tan baja que éste no podría ser sino una esfera hueca, es decir, ¡un satélite muy poco natural! Para resolver esta dificultad, algunos astrónomos han supuesto que la aceleración de Fobos se debe a una acción de mareas producida por Marte, aunque esto solo sería posible si la corteza de Marte fuera de una composición enteramente diferente de la corteza terrestre. Otros han elegido la hipótesis, más sorprendente, de que Fobos es artificial. Solo el tiempo dirá quién está en lo cierto.”

                                                           Michael W. Ovenden.

Fue profesor del Departamento de Astronomía de la Universidad de Glasgow. También fue secretario de la Royal Astronomical Society.
Extraído de “Life in the Universe. A Scientific Discussion. Doubleday & Company, Inc., New York, 1962. “La Vida en el Universo. Una Discusión Científica”, EudeBA, Colección Ciencia Joven, Bs. As., 1964.

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En sortant de Jupiter, ils traversèrent un espace d'environ cent millions de lieues, et ils côtoyèrent la planète de Mars, qui, comme on sait, est cinq fois plus petite que notre petit globe; ils virent deux lunes qui servent à cette planète, et qui ont échappé aux regards de nos astronomes.


“...A salir de Júpiter atravesaron un espacio de cerca de cien millones de leguas, y costearon el planeta Marte, el cual, como todos saben es cinco veces más pequeño que nuestro glóbulo, y vieron dos lunas que sirven a este planeta y no han podido descubrir nuestros astrónomos.”

                                                           Voltaire (1694 – 1778) Micromegas (1752), Capítulo III, “Viaje de los dos habitantes de Sirio y Saturno”. Colección Clásicos Inolvidables, Voltaire, El Ateneo, página 622.

“Je sais bien que le père Castel écrira, et même assez plaisamment, contre l'existence de ces deux lunes; mais je m'en rapporte à ceux qui raisonnent par analogie. Ces bons philosophes-là savent combien il serait difficile que Mars, qui est si loin du soleil, se passât à moins de deux lunes.”

"Bien sé que el Padre Castel escribirá, y con donaire, contra la existencia de estas dos lunas; pero yo me refiero a los que razonan por analogía (1); estos buenos filósofos saben cuán difícil sería que Marte, que tan lejos se halla del Sol, dejase de tener siquiera dos lunas".

“Los que razonan por analogía”. ¿Analogía con qué? ¿Con la mitología greco-latina? ¿Es esa mitología una cosmología disimulada, un mensaje esteganográfico? Júpiter, por ejemplo, come a sus hijos y luego los vomita. Quizás este relato se refiera a que el planeta Júpiter atrajo a sí a otros objetos celestes y luego los expulsó fuera de su cuerpo gaseoso. Pero así no sería coherente llamarlos hijos. ¿Los satélites de Júpiter salieron de su interior, los atrajo y volvió a expulsarlos?

(1) La alta magia se basa en razonamientos por analogía. Giordano Bruno murió quemado por la Inquisición por afirmar que él era mago y por mencionar, en un intento de que lo entendieran, que en la alta magia se usa matemática avanzada y que en ella creer que existe vida extraterrestre es un concepto fundamental.

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“Este imán está al cuidado de ciertos astrónomos, quienes, en las ocasiones, lo colocan en la posición que el rey indica. Emplean aquellas gentes la mayor parte de su vida en observar los cuerpos celestes, para lo que se sirven de anteojos que aventajan con mucho a los nuestros; pues aunque sus grandes telescopios no exceden de tres pies, aumentan mucho más que los de cien yardas que tenemos nosotros, y al mismo tiempo muestran las estrellas con mayor claridad. Esta ventaja les ha permitido extender sus descubrimientos mucho más allá que los astrónomos de Europa, pues han conseguido hacer un catálogo de diez mil estrellas fijas, mientras el más extenso de los nuestros no contiene más de la tercera parte de este número. Asimismo han descubierto dos estrellas menores o satélites que giran alrededor de Marte, de las cuales la interior dista del centro del planeta primario exactamente tres diámetros de éste, y la exterior, cinco; la primera hace una revolución en el espacio de diez horas, y la última, en veintiuna y media; así que los cuadros de sus tiempos periódicos están casi en igual proporción que los cubos de su distancia del centro de Marte, lo que evidentemente indica que están sometidas a la misma ley de gravitación que gobierna los demás cuerpos celestes.”

Swift: "Viaje a Laputa"


¿Quienes sabían de la existencia de los satélites de Marte antes de ser descubiertos por la ciencia y cómo lo supieron?

miércoles, 17 de agosto de 2016

El hombre no puede prever todo


La eliminación de la viruela fue saludada como un gran triunfo científico. Hasta ahora se ha intentado hacer lo mismo con otras enfermedades, pero no han podido erradicarlas completamente del mundo.

Pese a que ya no hay viruela en el planeta, tres grandes potencias conservaron muestras del virus en laboratorios de alta seguridad (esto oficialmente, por lo menos). Una muestra en el laboratorio de alta seguridad en Atlanta, Georgia (E.U.A.), otra en Moscú (hoy en Novosibirk) y la última en Londres. Para mí no está muy clara la razón de correr semejante riesgo. El virus no es necesario para fabricar vacunas, pues hay bacterias modificadas genéticamente que sirven para ello. Aunque se registrara un ataque biológico, sería posible fabricar vacunas con las bacterias y ellas no contagian.

Actualmente no hay personas inmunes a la viruela en todo el mundo, excepto, quizás, por algunos investigadores y personal auxiliar que podrían seguir estando vacunados. Aún quienes alguna vez fuimos vacunados hemos perdido, no solo la inmunidad, sino también la memoria inmunológica contra el agente infeccioso.
En previsión de un ataque biológico, Estados Unidos de América mantuvo un stock de cuatro millones de vacunas, muchas de ellas con destinatario previamente determinado. Después del supuesto ataque terrorista del 11 de septiembre, la presión popular hizo que el gobierno de E.U.A. se comprometiera a mantener una existencia de vacunas suficiente para todos los ciudadanos estadounidenses.

Un incidente ocurrido en Londres en 1978 da cuenta del peligro que corremos todos. Janet Parker, una fotógrafa que trabajaba para la Escuela de Medicina de la Universidad de Birmingham se contagió de viruela y falleció el 11 de septiembre, mientras estaba en cuarentena. La madre, Hilda Witcom, sufrió la enfermedad, pero sobrevivió. Sin embargo, el padre de Janet falleció de un infarto mientras estaba aislado. Al parecer, el virus, que estaba siendo investigado en otro sector del edificio, se filtró por los ductos de ventilación. El investigador, Henry Bedson, se suicidó mientras estaba en cuarentena. La reacción de los organismos ingleses fue rápida y efectiva. Aislaron a 260 personas y evitaron una epidemia. Como consecuencia de esto, el gobierno inglés destruyó sus muestras y confió su seguridad a Estados Unidos de América.

En 1970 también se registró el primer contagio humano de la viruela de los monos (también conocida como viruela del simio o símica) en territorio africano. El virus efectuó el salto entre especies, pero no se ha tenido ninguna novedad importante al respecto. Se sabe que hubo unos 8 ó 9 mil casos en África y unos pocos en el Reino Unido, debidos a inmigrantes africanos o turistas que visitaron los países afectados, pero la evolución de la enfermedad no es tan grave como en el caso de la viruela humana. La mortalidad está entre el 1% y el 10% y no quedan secuelas de cuidado.

Pero hay dos cosas que sí son preocupantes: una es una nueva amenaza derivada del calentamiento global. El permafrost se está descongelando y es muy posible que contenga virus de viruela humana. Hace un tiempo un cazador se contagió ántrax o carbunclo al tener contacto con el cadáver de un hombre que llevaba mil años congelado en el permafrost siberiano y que había quedado al descubierto por el calentamiento mundial que estamos experimentando. Con el descongelamiento, estos virus podrían empezar a circular y no quiero imaginar qué pasaría si se generara una pandemia. ¿Cuánto tiempo llevaría fabricar siete mil doscientos millones de vacunas? ¿Se imagina quiénes serán los que llegarán tarde al reparto? La segunda amenaza importante proviene de que se ha creado un virus quimérico HPXV y que la misma tecnología permitiría sintetizar el virus “erradicado”. Si esta tecnología, o sus productos, cayeran en manos de psicópatas no subordinados al sistema mundial, los resultados podrían ser aterradores.

En la Antártida se han extraído muestras de agua y suelo cubiertos por hielos de gran espesor. En alguna muestra hallaron virus muy antiguos que hoy no circulan por el mundo, uno de ellos de mayor tamaño que el de la viruela. Se ignora todo respecto a esos virus muy antiguos. Hay cierta seguridad, debido a la profundidad a la que se encuentran y a la idoneidad de las personas que conservan y estudian las muestras. Pero, ¿quién hubiera imaginado que el permafrost se descongelaría y que en él podrían existir muestras libres del virus de la viruela humana?

El hombre es inherentemente ignorante, no importa cuántos diplomas se acumulen sobre los hombros de algunos científicos encumbrados. Francamente, hubiese sido mejor seguir vacunándonos contra la viruela y no rezar para que a un loco no se le ocurra atacar al mundo biológicamente o que la ignorancia y la avaricia comercial calienten el suelo de Siberia y dos terceras partes de la humanidad sucumban ante un virus perdido por ahí hace milenios.

viernes, 17 de junio de 2016

¿Qué es esta oscilación?

Si fuera posible construir túneles de cualquier longitud y con la inclinación que se deseara, de tal forma que alguno de ellos atravesara toda la Tierra pasando por su centro y se librara a un vehículo que lo transitara de todo rozamiento, por gravedad comenzaría a caer hasta la mitad del túnel, y luego subiría, hasta el final, por inercia. La duración del viaje sería la misma para cualquier túnel, sin importar cuán grande sea su longitud. Esto por las leyes que rigen a la gravedad.

Suponiendo una Tierra perfectamente esférica y homogénea, con una densidad igual al promedio de las distintas que se registran en el planeta real, ese viaje duraría 42 minutos.

Si un túnel uniera la Plaza de los dos Congresos, en Buenos Aires, con la ciudad de Mar del Plata, a 404 km de distancia, el móvil desarrollaría una velocidad media de 577,14 km/h; demasiado alta para un automóvil común. Si el túnel atravesara el centro de la Tierra y uniera los antípodas, el viaje se realizaría a una velocidad media de 19.140 km/h.

Como la Tierra tiene un núcleo muy denso, probablemente de hierro fundido, los viajes que pasaran por el centro de la Tierra (o en sus cercanías) serían algo más cortos, del orden de 40, 5 minutos.

Un vehículo que transitara cualquiera de esos túneles comenzaría su viaje en reposo, iría acelerando hasta alcanzar el centro de la Tierra (o el punto más próximo a él) y comenzaría a disminuir su velocidad hasta detenerse en la llegada. Pero habría que atajarlo, porque inmediatamente después de detenerse haría el viaje inverso y volvería otra vez, repitiendo el ciclo indefinidamente.

De tal forma, una masa que atravesara un túnel estaría oscilando con un período que va desde 81 minutos hasta 84 minutos. Esto corresponde a frecuencias de oscilación de 0,0002057 Hz a 0,0001984 Hz, que caen dentro de la banda de oscilaciones libres de los terremotos (0,0001 Hz a 0,001 Hz).

Si la masa tuviese carga eléctrica podría generar ondas electromagnéticas con longitudes de onda iguales a 1.456.991.550 km y 1.510.954.200 km.

¿Ha tomado alguien en cuenta esto?

viernes, 19 de febrero de 2016

El progreso cuesta vidas

Tengo dos cuentas de correo electrónico y, en una de ellas, hay una firma que dice: "Cuando te enfrentas a lo desconocido juegas con negras". Siempre que te halles frente a lo que no conoces esa ignorancia hará que te defiendas de las jugadas que la situación imponga.

En realidad, la frase no es mía. Es una modificación de otra que leí en "El Retorno de los Brujos", de Louis Pawells y J. Bergier: "Cuando te enfrentas con lo desconocido es lo desconocido quien está a cargo".

¿Es así? Casi siempre.

En la segunda mitad del siglo veinte ocurrió un accidente de aviación en Estados Unidos de América. Una formación de aviones de combate se estrelló contra una montaña. Como estaban en plena guerra fría, lo primero que consideraron fue un sabotaje. La exhaustiva investigación dio por tierra con esa hipótesis; ningún sabotaje había en esos aviones. Después analizaron una posible falla de diseño, ya que los aviones eran de reciente fabricación. Tampoco. Ya sin saber qué había ocurrido ni qué hacer, alguien cayó en la cuenta de que un radar a bordo parpadeaba en la frecuencia de saturación del nervio óptico; los pilotos se dormían. El fenómeno había sido descrito por el afamado neurofisiólogo inglés Gray Walter, pero los ingenieros electrónicos lo ignoraban.

Cuando comenzó a usarse la electrónica al servicio de la cirugía, la ignorancia cobró más vidas. Para cualquier ingeniero electrónico de entonces una corriente parásita de diez microamperios  era totalmente despreciable. A nivel de piel, la corriente mínima que produce fibrilación es de ochenta miliamperios. En una operación de corazón, ocho microamperios resultan fatales.

También las corrientes parásitas causaron explosiones dentro de  los cuerpos de desafortunados pacientes. Se usaba una anestesia a base de nitroglicerina y las corrientes de pérdidas la hacían estallar. Esa anestesia dejó de usarse.

Hoy día los quirófanos son diseñados por ingenieros especializados. La instalación eléctrica sigue una geometría especial con la que se pretende reducir a la mínima expresión esas corrientes parásitas. Se estudia las capacidades distribuidas y se usan todas las medidas necesarias para que los parásitos no pasen de cierto límite. En todos los quirófanos modernos hay aparatos que analizan el estado eléctrico del recinto y, si viola un umbral prefijado, suena una alarma. El cirujano cambia de protocolo y, una vez terminada la operación, el lugar es clausurado hasta que un equipo de especialistas ubique y corrija el problema.

Pero todo esto vino como consecuencia de situaciones penosas y después de responder a la pregunta: "¿Qué pasó?".