Generalmente mucha gente y, entre ellos, una buena cantidad de científicos, tienen la convicción de que la fe es irracional. Sin embargo, un análisis pormenorizado de las ciencias en general y de otras actividades humanas nos permitiría apreciar que la fe (bien entendida y practicada) no es irracional y tampoco es ajena a la actividad científica.
“Fe es la expectativa segura de las cosas que se esperan, la
demostración evidente de realidades aunque no se contemplen”. Esta es la mejor definición de
fe que conozco, pero no daré a conocer la fuente hasta el final.
“Que firman ante mí, doy fe”. Así se manifiesta un escribano público en muchos documentos de validez legal. El escribano dice a quien quiera leer el documento que él es un testigo probo y calificado que afirma la existencia de un acontecimiento y faculta a quien no estuvo presente para que tenga por cierto lo actuado. Y se da por cierto. Por supuesto, existen unos pocos escribanos maliciosos que podrían falsear un testimonio; pero esto debe ser probado fehacientemente; hay presunción de verdad en el instrumento público. Más allá de las maldades humanas, lo que importa aquí es el buen uso de la expresión “ante mí, doy fe”. Ninguna persona que actuara de manera razonable y con buena disposición podría calificar a un juez de irracional o crédulo por aceptar un hecho en base a un acta notarial.
En un cartel en el que figura el nombre de un banco situado en la ciudad de Buenos Aires figura la expresión “fiduciario”, que proviene de una palabra latina que significa “fe”. Los bancos son fiduciarios. Fe también tiene por sinónimo a “crédito”, que viene de “creer”. Ahora bien, ¿qué tienen que ver los bancos con la fe? Los de hoy, poco. Los de antaño, no sé. Hace mucho tiempo, cuando una persona prefería morir antes que faltar a su palabra y dar la mano era un contrato, un banquero habría investigado al solicitante. Si la investigación mostraba a una persona con mucha antigüedad en el mismo domicilio, buena fama entre sus vecinos, con un buen trabajo y sin ningún antecedente comercial negativo, el prestamista, en un acto de fe, le daría crédito al hecho futuro del pago cuando llegara el momento pactado. Pero no porque sí, sino por un cúmulo de antecedentes que apuntaban a la concreción del pago. Es “la expectativa segura de las cosas que se esperan”. El prestamista no fue crédulo ni irracional, se informó e incluso utilizó sus buenas artes para “semblantear” al solicitante. Claro, la banca de hoy no se asegura de que usted pueda y quiera pagar, sino de que ella pueda cobrar. Está un poco lejos de la fe, de la espiritualidad y de la metafísica. Como decía Bernard Shaw, “Te presta un paraguas cuando hace buen tiempo y te lo quita cuando llueve”. Pero jamás le daría un préstamo si tuviese la más mínima duda de su honestidad. (A menos que fueran cómplices en una maniobra fraudulenta)
También hay monedas fiduciarias, como el dólar, por ejemplo. Sus valores dependen de la confianza que el público les tiene, porque carecen de respaldo metálico o de otras riquezas en las que ser convertibles.
Y la fe abunda, inclusive entre
los ateos. Un acto de fe científica se dio hace no mucho tiempo en la física
nuclear. Contando los productos de una colisión en una placa, alguien se
percató de que el momento angular anterior a la colisión no se conservaba en
los productos del choque. Quisiera haber filmado la cara de ese científico.
¡Parecía no conservarse el momento angular! ¡Horror supremo! Después del susto inicial, debe haber ocupado
su lugar la reflexión racional, pero no libre de cierto temor o desazón.
Alguien propuso que una partícula sin masa y sin carga eléctrica sería la
responsable del momento angular faltante. La llamaron “neutrino”. Esto es un argumento de fe de la más pura cepa,
¿aceptaría usted que lo calificaran de crédulo o irracional por ello?
Pero es lícito preguntar si el
neutrino existe o es la expresión de deseo de los científicos que no quieren
abandonar un principio de conservación que les dio tantas satisfacciones. El
tiempo parece haber justificado la fe de esos hombres de ciencia. Hoy hay, por
lo menos, siete tipos de detectores de neutrinos; pero no estoy completamente informado
de cómo funcionan, por lo que no puedo juzgar la bondad de la prueba.[1]
Por último, están los matemáticos. En el blog de matemáticas mencioné el trabajo de Kurt Gödel, en el que demuestra que el conocimiento matemático será eternamente incompleto o contradictorio y, sin embargo, siguen proponiendo y demostrando teoremas como si nada, con fe en la calidad de sus conocimientos. ¡Por la fe no sólo se llega al Reino de Dios sino también al reino de la ciencia!
La fuente de la definición es
Hebreos 11: 1, según la Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras. Si usted quiere, compare con otras traducciones.
[1]Sucede que los instrumentos de medición tienen una “carga teórica”. Son diseñados con una teoría y con lo que se cree que es un fenómeno y se espera que suceda. Para estar seguro de una medición se debe analizar profundamente qué es lo que hay detrás de la indicación instrumental. Además, toda medición termina en un sujeto que asimila e interpreta esa medición; o sea, culmina en una percepción.
[2] Un neutrino no deja huellas en una cámara de niebla, porque carece de masa y de carga eléctrica (o tiene una masa comprendida entre uno y un millonésimo de electronvoltio). Además, atraviesa kilómetros de materia sin interactuar con ella Los métodos de detección se basan en los pocos casos en los que un neutrino puede ser absorbido por un núcleo atómico o un protón o en las perturbaciones que su paso puede provocar en sustancias especialmente acondicionadas. Lo que se detecta es, por ejemplo, la radiación de elementos que trasmutan luego de absorber un neutrino (cloro 37/argón 37, galio 71/germanio 71), destellos de radiación Cerenkov[3], electrones o perturbaciones mecánicas en líquidos sobre-enfriados (a mili Kelvin).
[3] Es una radiación de luz azul o violeta que se desprende de objetos que son atravesados por partículas a mayor velocidad que la de la luz en el material constitutivo del objeto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario