La ciencia no es una vaca sagrada.

La ciencia no es una vaca sagrada.

"Cuando un científico de bata blanca [...] se pronuncia de cara al público, puede que no le entiendan, pero, eso sí, le creerán. [...] Se cuestionará y criticará al estadista, al industrial, al ministro religioso, al líder cívico y al filósofo, pero nunca al científico. Son seres exaltados al pináculo más alto del prestigio popular, porque tienen el monopolio de una fórmula -‘se ha demostrado científicamente...’- que, una vez expresada, excluye por completo toda posibilidad de desacuerdo".

Anthony Standen (Science Is a Sacred Cow)

Este blog tiene por objeto quitar el carácter sagrado que muchos quieren imponerle a la ciencia.

No se trata de no darle valor, sino de ubicarla en el lugar que le corresponde, ni más ni menos. Hasta donde me sea posible señalaré sus vicios ocultos, lo que hay debajo del maquillaje, sus debilidades, pero también sus aciertos y virtudes.

Como decía el Principito: "es un poco vanidosa, pero es mi rosa".

domingo, 18 de marzo de 2018

Fe y ciencia



Generalmente mucha gente y, entre ellos, una buena cantidad de científicos, tienen la convicción de que la fe es irracional. Sin embargo, un análisis pormenorizado de las ciencias en general y de otras actividades humanas nos permitiría apreciar que la fe (bien entendida y practicada) no es irracional y tampoco es ajena a la actividad científica.

“Fe es la expectativa segura de las cosas que se esperan, la demostración evidente de realidades aunque no se contemplen”. Esta es la mejor definición de fe que conozco, pero no daré a conocer la fuente hasta el final.

“Que firman ante mí, doy fe”. Así se manifiesta un escribano público en muchos documentos de validez legal. El escribano dice a quien quiera leer el documento que él es un testigo probo y calificado que afirma la existencia de un acontecimiento y faculta a quien no estuvo presente para que tenga por cierto lo actuado. Y se da por cierto. Por supuesto, existen unos pocos escribanos maliciosos que podrían falsear un testimonio; pero esto debe ser probado fehacientemente; hay presunción de verdad en el instrumento público. Más allá de las maldades humanas, lo que importa aquí es el buen uso de la expresión “ante mí, doy fe”. Ninguna persona que actuara de manera razonable y con buena disposición podría calificar a un juez de irracional o crédulo por aceptar un hecho en base a un acta notarial.

En un cartel en el que figura el nombre de un banco situado en la ciudad de Buenos Aires figura la expresión “fiduciario”, que proviene de una palabra latina que significa “fe”. Los bancos son fiduciarios. Fe también tiene por sinónimo a “crédito”, que viene de “creer”. Ahora bien, ¿qué tienen que ver los bancos con la fe? Los de hoy, poco. Los de antaño, no sé. Hace mucho tiempo, cuando una persona prefería morir antes que faltar a su palabra y dar la mano era un contrato, un banquero habría investigado al solicitante. Si la investigación mostraba a una persona con mucha antigüedad en el mismo domicilio, buena fama entre sus vecinos, con un buen trabajo y sin ningún antecedente comercial negativo, el prestamista, en un acto de fe, le daría crédito al hecho futuro del pago cuando llegara el momento pactado. Pero no porque sí, sino por un cúmulo de antecedentes que apuntaban a la concreción del pago. Es “la expectativa segura de las cosas que se esperan”. El prestamista no fue crédulo ni irracional, se informó e incluso utilizó sus buenas artes para “semblantear” al solicitante. Claro, la banca de hoy no se asegura de que usted pueda y quiera pagar, sino de que ella pueda cobrar. Está un poco lejos de la fe, de la espiritualidad y de la metafísica. Como decía Bernard Shaw, “Te presta un paraguas cuando hace buen tiempo y te lo quita cuando llueve”. Pero jamás le daría un préstamo si tuviese la más mínima duda de su honestidad. (A menos que fueran cómplices en una maniobra fraudulenta)

También hay monedas fiduciarias, como el dólar, por ejemplo. Sus valores dependen de la confianza que el público les tiene, porque carecen de respaldo metálico o de otras riquezas en las que ser convertibles.

Y la fe abunda, inclusive entre los ateos. Un acto de fe científica se dio hace no mucho tiempo en la física nuclear. Contando los productos de una colisión en una placa, alguien se percató de que el momento angular anterior a la colisión no se conservaba en los productos del choque. Quisiera haber filmado la cara de ese científico. ¡Parecía no conservarse el momento angular! ¡Horror supremo!  Después del susto inicial, debe haber ocupado su lugar la reflexión racional, pero no libre de cierto temor o desazón. Alguien propuso que una partícula sin masa y sin carga eléctrica sería la responsable del momento angular faltante. La llamaron “neutrino”. Esto es un argumento de fe de la más pura cepa, ¿aceptaría usted que lo calificaran de crédulo o irracional por ello?

Pero es lícito preguntar si el neutrino existe o es la expresión de deseo de los científicos que no quieren abandonar un principio de conservación que les dio tantas satisfacciones. El tiempo parece haber justificado la fe de esos hombres de ciencia. Hoy hay, por lo menos, siete tipos de detectores de neutrinos; pero no estoy completamente informado de cómo funcionan, por lo que no puedo juzgar la bondad de la prueba.[1]

También tengo informes de que se está construyendo un telescopio de neutrinos de alta energía.[2]

Por último, están los matemáticos. En el blog de matemáticas mencioné el trabajo de Kurt Gödel, en el que demuestra que el conocimiento matemático será eternamente incompleto o contradictorio y, sin embargo, siguen proponiendo y demostrando teoremas como si nada, con fe en la calidad de sus conocimientos. ¡Por la fe no sólo se llega al Reino de Dios sino también al reino de la ciencia!

La fuente de la definición es Hebreos 11: 1, según la Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras.  Si usted quiere, compare con otras traducciones.


[1]Sucede que los instrumentos de medición tienen una “carga teórica”. Son diseñados con una teoría y con lo que se cree que es un fenómeno y se espera que suceda. Para estar seguro de una medición se debe analizar profundamente qué es lo que hay detrás de la indicación instrumental. Además, toda medición termina en un sujeto que asimila e interpreta esa medición; o sea, culmina en una percepción.

[2] Un neutrino no deja huellas en una cámara de niebla, porque carece de masa y de carga eléctrica (o tiene una masa comprendida entre uno y un millonésimo de electronvoltio). Además, atraviesa kilómetros de materia sin interactuar con ella Los métodos de detección se basan en los pocos casos en los que un neutrino puede ser absorbido por un núcleo atómico o un protón o en las perturbaciones que su paso puede provocar en sustancias especialmente acondicionadas. Lo que se detecta es, por ejemplo, la radiación de elementos que trasmutan luego de absorber un neutrino (cloro 37/argón 37, galio 71/germanio 71), destellos de radiación Cerenkov[3], electrones o perturbaciones mecánicas en líquidos sobre-enfriados (a mili Kelvin).

[3] Es una radiación de luz azul o violeta que se desprende de objetos que son atravesados por partículas a mayor velocidad que la de la luz en el material constitutivo del objeto.

Ciencia y el carácter humano del científico



La ciencia está construida por mujeres y hombres con los defectos propios de la especie. Todos nos equivocamos. Otros falsean o inclinan sus conclusiones sin darse cuenta, sin maldad, por el propio peso de sus íntimas convicciones, de los prejuicios y un sin fin de razones humanas que “cargan los dados” inadvertidamente. Muy pocos lo hacen con mala intención. Me excluyo del segundo grupo por la propia definición, “cargan los dados inadvertidamente”; si estuviera conciente de ello pertenecería al último grupo.

Para fundamentar una conclusión, a veces, personas muy sabias en alguna materia citan una fuente sin revisarla, haciendo decir a la fuente lo que no dice y restándole credibilidad a su trabajo (También suelen  difamar involuntariamente a la fuente). Tal es el caso del psiquiatra y psicólogo infantil Bruno Bettelheim en el texto que reproduzco a continuación:

“En numerosos mitos, así como en los cuentos de hadas, la manzana simboliza el amor y el deseo, tanto en su  aspecto positivo como peligroso. La manzana que se ofreció a Afrodita, diosa del amor, dando a entender que era la preferida de entre las diosas, provocó la guerra de Troya. Por otra parte, la manzana bíblica fue el instrumento que tentó al hombre a renunciar a la inocencia a cambio de conocimiento y sexo. Aunque Eva fuera seducida por la masculinidad del macho, representada por la serpiente, esta última no podía hacerlo todo por sí sola: necesitaba la manzana, que en la iconografía religiosa simboliza, también, el pecho materno. En el pecho de nuestra madre todos nos sentimos impulsados a formar una relación y a encontrar satisfacción en ella. En la historia de «Blancanieves», madre e hija comparten la manzana. En este relato, lo que dicha fruta simboliza es algo que la madre y la hija tienen en común y que yace a nivel incluso más profundo que los celos que sienten la una de la otra: sus maduros deseos sexuales.” (Bruno Bettelheim (1903 – 1990), psiquiatra y psicólogo infantil, de “Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas”, Crítica, Las Ideas, México, 1995)

Sin cuestionar los conocimientos del señor Bettelheim en su materia específica, parece que nunca leyó la Biblia:

1º  La Biblia no habla de una manzana, sino de un fruto.*
2º Adán no renunció a su inocencia a cambio de sexo, porque el sexo era un derecho y un mandato proveniente de Dios que ya había recibido:

“27 Y Dios creó el hombre a su imagen;
lo creó a imagen de Dios,
los creó varón y mujer.”

“28 Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra».  (Génesis 1: 27 – 28, “El libro del Pueblo de Dios”. “La Biblia”, Armando J. Levoratti, Alfredo B. Trusso y ocho colaboradores, autorizada por Raúl Francisco Cardenal Primatesta, Fundación Palabra de Vida, fundación San Pablo, 12ª edición, España, 1995)

3º En la forma de hablar antigua, “conocer lo bueno y lo malo” no significaba un conocimiento, sino independencia para decidir qué era bueno o malo para él, en contraposición a la intención y el derecho de Dios de fijar las normas morales para el hombre1.

4º  La serpiente no representa en la Biblia nada que tenga relación con el sexo, porque el sexo no era una cuestión conflictiva o no resuelta para la primera pareja. Se trató simplemente de un animal de los tantos que vivían en el jardín de Edén, del que se valió un ser invisible para engañar a Eva y hacerla partícipe de una rebelión iniciada por este ser. El pecado original nada tiene que ver con el sexo2; se trata, más bien, de un pecado de soberbia, ingratitud y desconfianza hacia el Creador y de una rebelión contra su autoridad y su derecho de ser el Legislador de sus creaciones.

5º  Podemos discutir, lamentablemente no con Bruno Bettelheim, si la historia es o no es un mito; les doy un dato: la última costilla, de la que la narración dice que fue usada por Dios para crear a la mujer, es el único hueso del cuerpo humano que se regenera completamente si se tiene la precaución  de dejar un fragmento de periostio 3. ¿Casualidad?



* Al parecer, fue el pintor Durero el primero que pintó una manzana en un lienzo. Si hubiera dibujado un fruto amorfo, nos hubiera ahorrado un montón de confusiones.

1 “[El conocimiento de lo bueno y lo malo] es la facultad de decidir uno por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, y de obrar en consecuencia: una reclamación de autonomía moral […]. El primer pecado ha sido un atentado a la soberanía de Dios.” Biblia de Jerusalén, nota al pie. “«El árbol del conocimiento del bien y del mal»; la realidad representada por este símbolo no puede ser simplemente el discernimiento moral –prerrogativa que Dios no niega al hombre- sino la facultad de decidir por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, independientemente de Dios. Al desobedecer el mandato divino, el hombre reivindica para sí una autonomía que no se conforma con su condición de criatura y usurpa un privilegio exclusivo de Dios.”  Levoratti – Trusso, nota al pie.

2 Antiguamente existió una secta que fue condenada por un papa por enseñar la creencia de que el pecado original era de carácter sexual. La creencia de que la práctica del sexo entre Adán y Eva fue un pecado, no tiene apoyo bíblico. Algunos dicen que el pecado no fue el sexo para la reproducción, sino con el fin de sentir placer; compare con Proverbios 5:3-20, especialmente 5:19. 
3 Esto se usa en cirugía reparadora para evitar rechazos. Se injerta hueso de la costilla del mismo paciente y hasta puede repetirse después de un tiempo que permita la regeneración.