En los años veinte algunos radioaficionados descubrieron un fenómeno que llamaron LDE - Long Delayed Echoes (ELR - Ecos de largo retardo). Señales enviadas de la tierra a veces llegaban al receptor algunos segundos más tarde, como si hubieran sido reflejadas de regreso por algo en el espacio. En unas pocas instancias, algunos ELRs regresaban días, meses y aun años más tarde. En 1953, televidentes británicos reportaron haber visto la señal de prueba de la estación estadounidense KLEE, de Houston, Texas. La estación de TV KLEE había cambiado su código indicativo a KPRC en 1950. La señal recibida tenía unos tres años de antigüedad y nadie pudo explicar cómo pudo haber sucedido esto por causas naturales. Suponiendo que se reflejó en un objeto situado en el espacio, éste debería haber estado a uno y medio año luz de distancia y la atenuación hubiese dejado a la señal indetectable en un aparato de televisión comercial.
Mucho menos puede pensarse que la señal de prueba de la estación estuviera dando vueltas a la tierra rebotando en las capas de la ionósfera. Los investigadores en Europa reportaron ELRs en 1927, 1928 y 1934. Las pulsaciones de los ecos eran retardados de tres a quince segundos, aunque se han registrado ecos con retardos de 260 segundos.
En 1962, el Dr. Ronald N. Bracewell, de la Universidad de Stanford, especuló que un satélite extraterrestre, equipado con una computadora que podría explorar todas las radiofrecuencias al viajar a través del espacio, podría ser responsable de las extrañas ELRs. El satélite recogería señales inteligentes, para grabarlas y luego retransmitirlas de regreso en la misma frecuencia. Suponga, pensó, que el satélite fue programado para que si el mensaje fue regresado de nuevo, indicando que el sistema era inteligente, entonces tendría que transmitir un mensaje propio. Las ELRs en los años veinte pudieran haber venido de tal satélite sugerido por Bracewell.
En la edición del 3 de noviembre de 1928 del diario científico Naturaleza Seminal, aparece una carta escrita por Jorgen Hals, un ingeniero de radio de Bygodo, Oslo, al físico Carl Stormer.
“Al final del verano de 1927, repetidamente escuché señales de la estación holandesa de onda corta PCJJ, transmitiendo en Eindshoven. Al mismo tiempo que escuché esto, también escuché ecos. Escuché el eco usual que va alrededor de la Tierra a un intervalo de aprox. 1/7 de segundo, así como un eco más débil como de tres segundos después de que se hubiera ido el eco principal.”
“Cuando la señal principal fue especialmente fuerte, yo estimo que la amplitud para el último eco tres segundos más tarde, estaba entre 1/10 y 1/20 de la potencia de la señal principal. Desde donde viene este eco no puedo decirlo actualmente, solo puedo confirmar que realmente lo escuché.”
Stormer inició ciertas pruebas como resultado de esta comunicación, y el 11 de octubre de 1928, estas alcanzaron algún éxito. Durante la tarde de ese día, la Estación PCJJ en Eindshoven emitió señales muy fuertes en 31.4 metros. Tanto Hals como Stormer escucharon ecos muy distinguibles varias veces, el intervalo entre la señal y el eco variaba entre tres y quince segundos, la mayor parte de ellos regresaban aproximadamente ocho segundos después de la señal principal. A veces se escuchaban dos ecos con un intervalo de unos cuatro segundos.
El físico Van der Pol confirmó estas observaciones en un telegrama que dice lo siguiente:
“Anoche la emisión especial dio ecos aquí variando entre tres y 15 segundos. ¡El 50% de los ecos escuchados después de ocho segundos!”
En el momento, estos peculiares y largos ecos fueron atribuidos por Stormer a causas aurorales, pero la sensación ahora es que nunca han sido adecuadamente explicados.
Seis años más tarde, en 1934, ecos de radio de una clase similar fueron también escuchados en Holanda. Un joven astrónomo escocés llamado Duncan Lunan revisó los registros ELR de los años veinte, y los decodificó. Él puso la información ELR en un gráfico, usando puntos para representar las pausas entre los ecos. Para su asombro, un mapa comenzó a dibujarse. “Los puntos hacían un mapa de una constelación fácilmente reconocible", dijo Lunan. “La Constelación de Bootis en el cielo del norte. El curioso patrón de ecos retardados era realmente un patrón de posiciones estelares.” Lunan trabajó otros mapas ELR y encontró que todos ellos parecían centrarse alrededor de Epsilon Bootis, una estrella en la constelación. [Se refiere a la constelación "El Boyero" o "El Pastor de Bueyes", en latín: "Boötes"; genitivo: Bootis. Épsilon es una estrella binaria, llamada Izar o Pulcherrima, de magnitud 2,37, situada a 203 años luz de distancia de nuestro sistema (incertidumbre de medida del orden de 8 años luz); su compañera, lambda Boötes, es de magnitud 4,18 y es una estrella extraña por su composición química, aún no explicada por la ciencia. Da nombre a una clase especial de estrellas de las que no se conocen más que unas cincuenta] Lunan conjeturó que los ELRs estaban indicando que el punto de origen para el satélite extraterrestre era el sistema estelar Epsilon Bootis.
Posteriormente sometió sus resultados a la Sociedad Interplanetaria Británica. Kenneth Gatland, vicepresidente de la sociedad, quedó entusiasmado con los hallazgos de Lunan: “Los hallazgos de Lunan son completamente asombrosos. Yo he estudiado los mapas y debo llegar a las mismas conclusiones que él.”
Hace unos veinticinco o treinta años, la revista dominical del diario Clarín (Buenos Aires, Argentina) publicó un artículo central en el que unos científicos del Observatorio de Jodrell Bank decían haber encontrado un error en el mapa, que suponían intencional. En base a ese “error” esperaban hallar la clave de acceso al supuesto satélite y establecer una comunicación con el aparato. No volví a ver ninguna noticia ni artículo al respecto.
Algunos científicos, entre los que se encuentran Vidmar y Crawford de la Universidad de Stanford, han sugerido mecanismos naturales que podrían producir estos ecos. Una de esas teorías habla de reflexiones en nubes de plasma que se hallarían en los puntos de Lagrange, que son posiciones en las que una masa pequeña puede orbitar entre dos cuerpos celestes mayores. Los puntos de Lagrange entre la Tierra y la Luna pueden dan cuenta de los retardos de 2,5 segundos y los que están entre la Tierra y el Sol pueden crear ecos con retardos de 9 ó 10 segundos. Solo funcionarían en las bandas superiores de HF y en las bandas de UHF y superiores, en las que la atmósfera resulta transparente. En otras frecuencias menores se ha conjeturado la existencia de "conductos" en la ionósfera, conversiones onda electromagnética-onda longitudinal mecánica en la ionósfera-onda electromagnética y hasta una amplificación natural de la señal transmitida, pero ninguna es concluyente por el momento. De existir causas naturales, quizás sean varias, de acuerdo a la banda de transmisión considerada.
Nota agregada el 21 de julio de 2020
Del artículo en la revista del diario Clarín había guardado las páginas, pero las extravié en una mudanza. El archivo del diario está digitalizado, pero lo editado hace 20 años no. Buscar en papel sin tener una idea del año de publicación demanda un tiempo que no puedo dedicar a este asunto.
Recuerdo haber leído que el supuesto satélite extraterrestre orbitaba a una distancia no determinada, pero que precedía en un minuto de arco sexagesimal a la trayectoria de la Luna. De la exactitud de esto no puedo decir nada.
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